jueves, 5 de febrero de 2015

Algunas enfermedades contagiosas muy chungas

Voy a repasar algunas de las enfermedades que han estado de moda en el último siglo. Algunas de ellas no es que sean ya inofensivas, pero tienen una tasa de mortalidad baja. Pese a todo, es curioso que muchas enfermedades febriles, como paperas, sarampión, varicela o el mismo ébola tienen más consecuencias cuando afectan a los adultos que los niños. Además, en sociedades desarrolladas con altos índices de vacunación, los contagiados son los adultos precisamente porque los sistemas inmunitarios de cada persona no tienen la misma "memoria" a la hora de mantener los anticuerpos.

Empezamos el repaso, agarraos:

SIDA: Un clásico de la movida, el destape sexual de los 80 y 90, las drogas y en general todo lo que sea la donación de fluidos. Cómo bien sabéis, el VIH ataca al sistema inmunitario del paciente, haciéndolo vulnerable a cualquier otro ataque. Aproximadamente, un millón y medio de personas mueren por causa de esta enfermedad. Actualmente, hay esperanzas de obtener una vacuna, pero todavía queda trabajo al respecto. Prácticamente la totalidad de portadores y enfermos utilizan retrovirales para convivir con la enfermedad.

Poliomielitis, La Polio, para los amigos:
Niña enferma de poliomielitis
La polio fue una de esas vacunas que todos recibíamos de pequeños. La polio no se considera una enfermedad letal, de hecho, solo el 1% de los casos tiene síntomas. En ese 1% de casos el virus llega al sistema nervioso central y destruye las capacidades motoras, provocando una evidente atrofia muscular e invalidez permanente. En el último año, solo 350 personas se han infectado de la polio, la mayoría en India y Pakistán. Previsiblemente, continuando con las campañas masivas de vacunación, se espera que sea totalmente erradicada en unos años.

Viruela:
Foto de lesiones de viruela, blanco y negro que duele menos
Esta enfermedad se caracterizaba por unas maravillosas marcas en la piel de las que quedaban cicatrices. En sus buenos tiempos, alcanzó tasas de mortalidad del 30%, nada despreciable, contando sus muertos por millones. Afortunadamente, gracias a masivas campañas de vacunación, la viruela se consideró erradicada en 1980, siendo la única enfermedad junto con la peste bovina que ha sido erradicada por el ser humano.

Ébola:
Uno de los casos más de moda. El ébola provoca la llamada fiebre hemorrágica del ébola, y básicamente consiste en que durante la enfermedad se producen fiebres altas y úlceras en órganos internos, lo que provoca el sangrado y esa facilidad de contagio. Es algo parecido a que algo te vaya devorando por dentro. En el aspecto positivo, hay que decir que la cepa más letal (ébola Zaire) ha pasado de una mortalidad del 90% a mortalidades de 50-60%, gracias a los tratamientos sintomáticos y un mix coagulante-anticoagulante. Lamentablemente, no tiene cura conocida, únicamente experimental (aunque ha sido relativamente eficaz el uso de plasmas basado en otros enfermos, siempre que se use pronto), ni vacuna.

Sarampión:

El sarampión es una enfermedad febril que algunos conozcáis de primera mano. Su mortalidad actualmente es baja, pero no despreciable (10%). Generalmente las fiebres altas que produce u otras complicaciones de cada paciente, llevan su mortalidad hasta el 30%, en el caso de problemas de inmunodeficiencia (por estar recibiendo quimio, radioterapia, medicaciones fuertes en general, VIH, etc). Afortunadamente, existe vacuna. Lamentablemente, en los últimos años llevamos unos cuantos brotes por culpa de la ignorancia, negligencia y estupidez del movimiento anti-vacunas.

Por resumir, las paperas (parotiditis, provoca inflamación de la glándula parótida), rubéola y la varicela (erupciones cutáneas y fiebres como el sarampión) tienen nos datos similares. Con el matiz de que las paperas pueden provocar en inflamación testicular en adolescentes y adultos, que a su vez puede derivar en esterilidad. La rubéola, en caso de contraerse durante el embarazo, provoca graves complicaciones para el feto, con un 20% de abortos espontáneos. Enfermedades de las que nos reímos en los países desarrollados, sin ninguna razón, porque tienen todavía nefastas consecuencias.

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